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Muse - Demo tape (1997)

La cinta

Maqueta grabada por Muse en los Estudios Coombeshead en Newton Abbot entre Noviembre de 1996 y Enero de 1997. La única canción que fue realmente lanzada fue “Balloonatic”, en la compilación de 1997 “Helping You Back to Work Vol 1.”

“The tape was played through a Tascam 302 cassette deck wired upto an Apple Mac G3 Power PC and recorded into 24-bit AIF files. The files were then written to a 700mb CD-R data disc.”

Tracklist:
01 - Falling With the Crowd
02 - Agitated
03 - Coma
04 - Balloonatic
05 - Forameus
06 - Boredom
07 - Crazy Days
08 - Sober
09 - Jimmy Kane
10 - Rain
11 - Ashamed

“Encoded to 256kbs VBR MP3 using Lame encoder -V0 –vbr-new”

Nada, que me he encontrado esto por internet y me he corrido. Hay varias canciones conocidas como Sober que salió en Showbiz, así como otras que han sido posteriormente reeditadas para caras B, EPs, singles y demás historias como Coma, Jimmy Kane, etc. Agitated y Ashamed además salen tocadas en directo en el CD/DVD Hullabaloo. Balloonatic como curiosidad es la que luego se llamó Twin y Crazy Days, Yes Please. Todas ellas en una version algo distinta a como las conocemos hoy. Las demás no las había oído nunca, ¡”nuevo” material de Muse pues para todos vosotros!

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Anti-Flag - The bright lights of America (2008)

Portada Anti-Flag es un grupo que lleva años sin decepcionarme. Reconozco que los descubrí tarde, con ese The Terror State en 2003 y de la mano del su single por excelencia, Turncoat. Buen disco aquel pero que fue ampliamente superado por su continuación en 2006, For blood and empire, con tremendas canciones como Project for a new American century, One trillion dollars, Hymn for the dead, etc. Calidad y variedad a partes iguales. El año pasado decidieron deleitarnos con A benefit for the victims of violent crime, un EP en el que además de algunas canciones nuevas disfrutábamos de sus grandes clásicos en su versión en directo, lo que me hizo interesarme por los primeros discos de esta banda, y la verdad es que no desmerecen en absoluto su trabajo en los últimos años. Ahora vuelven con el listón muy alto, ¿está The bright lights of America a la altura de su carrera?

La primera impresión es que sí. Han sabido volver a parir un buen disco, un disco disfrutable, coreable y que no decepciona, aunque está por debajo de sus últimos trabajos, y musicalmente bastante lejos de los primeros, mucho más rápidos y sucios. Con esto ya os podéis imaginar que este trabajo es el más tranquilo y melódico de su carrera. Es curioso ver cómo en los grupos de punk rock el término “madurar” suele significar “ablandarse”. De todas maneras en su caso esto no es del todo malo. No hay más que escuchar la primera canción del disco, Good and ready, para darse cuenta de que los himnos punk no tienen que escribirse a toda polla, uno de los mejores temas del álbum y de su carrera. Pero no acaba aquí la cosa, al revés, acaba de empezar. Y es que la primera parte del disco es prácticamente perfecta y nos introduce al nuevo sonido de la banda de tal manera que nos convence a la primera. No se les podrá acusar de vendidos con semejante colección de temas redondos. La canción que da título al disco es quizá la más cercana a sus anteriores discos, una canción algo más rapida que la anterior que encajaría perfectamente en For blod and empire y con un estribillo certero.

Vices es la primera canción que realmente nos sorprende. Para empezar por ese piano que la introduce, abriendo para un tema lento, melódico y en el que el vocalista Justin Sane entra con un registro que pocas veces le hemos escuchado. Coros melódicos y otro estribillo memorable. Preparaos para uno de los pelotazos del disco: The modern Rome burning, alegato anti americano de manual y con otro estribillo melódico marca de la casa, van cuatro. Y para rematar el repóker de ases, el trallazo If you wanna steal (you better learn how to lie) que nos recuerda muchísimo al estilo de Against Me! y nos hace caer en que serán probablemente su referencia más cercana.

A partir de aquí el disco pierde fuerza. Tras el buen sabor de boca de los cinco primeros temas, luego las canciones van perdiendo nivel y frescura y el grupo se pierde un poco en ese nuevo sonido, que llega a aburrir. Porque si hay algo que hizo grandes a sus dos anteriores discos era la variedad, y es un concepto que han olvidado de cara a este nuevo trabajo. Sólo Spit in the face, el corte con el tempo más rápido del álbum, rompe esa monotonía y como momento destacado de esa segunda parte del disco sólo nombraría Go West, otro tema lento y melódico con un estribillo muy pegadizo.

Como apunte, resaltar el corte acústico que han metido como bonus track, un poco country que otra vez nos recuerda a Against Me!. Un disco que mantiene el tipo aunque muy irregular y que se termina haciendo largo. No obstante, en un año en el que nos vamos a cansar de escuchar punk (entre lo que ha salido ya y lo que se avecina, estáis avisados) bien viene un soplo de aire fresco a la escena.

The bright lights of America:

Mike Oldfield, ese gran olvidado

Mike Oldfield, pensativo

Ayer volví a casa de un colega después de salir un rato para quedarme a dormir allí y justo antes de acostarme en el sofá me llamó la atención que estaban hablando de música en La 1. Más concretamente estaban poniendo un reportaje sobre Mike Oldfield. Supongo que es un artista que todos conoceréis de sobra, pero me resultó curioso hacer el seguimiento por la carrera de este hombre y ver que su trayectoria va mucho más allá del archiconocido Tubular Bells. Fue en 1973 nada menos cuando dio el pelotazo con ese, su gran éxito con tan sólo 17 años. Durante el resto de esa década Oldfield sacó varios discos de rock progresivo convirtiéndose en un auténtico referente.

Fue en los ochenta cuando decidió pasarse al pop, este pop ochentero que todos conocemos y su reputación como músico dio un bajón considerable. Así pues en los noventa decidió volver a sus raíces sacando Tubular Bells II, lo que le devolvió a la cima del mundo y las ventas de sus discos se dispararon, incluso en discos en los que mezclaba el rock progresivo de sus comienzos con la música celta. Fue esta una nueva época de gloria para él, aunque se aprovechaba bastante de las modas. Y con la llegada del nuevo milenio, de nuevo el cambio de década trajo un cambio en su música: con The Milleniun Bell abrió el camino a los pasajes ambient y los macroconciertos. Este es el resumen de una carrera kilométrica que aun no ha acabado. ¡Para que veáis lo interesante que es la tele a las 5 y meia de la madrugada! Os dejo estos tres temas que seguro que os suenan:

Tubular Bells:

Moonlight Shadow:

Far above the clouds:

Foxy Shazam - Introducing (2008)

Foxy Shazam - Introducing     Bueno, pues empiezo este mi primer aporte al universo UnderCore con el que para mi ha sido uno de los discos mas destacados de este principio de año.

    De primeras vamos a dejar claro que definir la música de Foxy Shazam no es fácil, de estilos podríamos decir que mezcla rock teatral, con cabaret, algo de jazz y alguna parte mas dura, pero para no liarnos lo llamaremos simple y llanamente rock. Si queréis que les compare con algún grupo para situaros, yo diría que se mueven bajo los mismos parámetros que Stolen Babies por el rollo cabaret, Blood Brothers por la voz aguda y los cambios de ritmo y Queen por su grandilocuencia. Y una vez situado dentro del panorama musical actual, hablemos de lo que de verdad nos importa, su música. En Introducing nos vamos a encontrar guitarras y ritmos rock que se apoyan en el piano, el gran protagonista de este disco, que lleva todo el peso instrumental a sus espaldas y es lo que le da ese toque mágico y personal a todo el álbum, aportando el punto perfecto para definir tanto una parte fiestera como una dramática.

    La otra estrella del cd, es innegablemente Eric Nally (voz), sus melodías vocales nos llevan por una espiral dramática y emotiva con ciertos toques de rabia, que hace que las historias de este álbum parezcan lo último que va a salir de su boca.

    Si mezclamos lo dicho en los dos párrafos anteriores tendremos un álbum disfrutable tanto estando en casa tranquilamente como de fiesta con los amigos, y es que la magia del disco es la facilidad con la que pasan de partes totalmente bailables a otras mucho más lentas y pausadas.

    El disco se deja escuchar muy fácilmente por los apenas 30 minutos que dura y por ello no me gustaría destacar ningún tema especialmente, aunque citaré su single A Dangerous Man y Red Cape Diver porque fue el primer tema que me enganchó de ellos.

    En resumen, un disco para los amantes del rock sin complejos que quieran pasar un rato agradable bailando y cantando al ritmo de cabaret.

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A Dangerous Man:

The Mars Volta - The Bedlam In Goliath (2008)

Portada     Enfrentarse a un disco de The Mars Volta es hoy en día una de las pruebas más duras a las que un analista puede hacer frente. Ante su gusto por las canciones largas, los discos kilométricos y las intrincadas estructuras uno no puede otra cosa que agarrase al asiento y esperar salir indemne. Con este cuarto álbum no es que hayan cumplido con la tradición, es que se han superado aún más. Hay mucho que decir de Bedlam in Goliath, producto también de la propia complejidad del álbum pero también de lo que subyace a la obra como mera traducción de las convicciones de sus creadores.

    Y digo esto porque da cada vez más miedo ver cómo Omar Rodriguez-Lopez, compositor de todo lo que se oye en el disco excepto las voces, va sacando discos como churros indiscriminadamente, seis en cosa de un año. Así es difícil, casi imposible, pensar que lo que hay en sus discos es más que una mera grabación de lo que se le fue ocurriendo en algún momento, y que por el contrario responde a una obra con sentido completo y pensada de cabo a rabo como un todo. Puestos en faena, el resultado no es ni una cosa ni la otra. Para empezar el disco tiene suficientes puntos geniales como para decir que es fruto de la improvisación y la experimentación más loca. Pero por otro demasiados elementos hay que parecen no encajar y que se repiten a lo largo de todo el minutaje.

    Para empezar la primera sensación que nos transmite el disco es que es el más trallero que han grabado hasta la fecha. Las canciones tienen un ritmo endiablado y apenas baja de revoluciones entre canción y canción hasta los últimos temas en los que hay alguna concesión a la tranquilidad. Pero aquí es donde aparece el primer elemento extraño: y hablo del trabajo en las baterías. Y no es que sea malo; de hecho aquellos que se lamentaban de la marcha de Jon Theodore pueden estar tranquilos porque Thomas Pridgen cumple su papel a la perfección, y con creces. Lo que no termina de cuadrar es que incluso en los pasajes más pausados y reposados del final del disco la batería sigue aporreando a toda pastilla, creando una sensación de tralla injustificada en partes en las que pegaría algo más relajado. Esto al principio del disco no se nota porque la velocidad es muy alta desde el primer momento hasta entrada la segunda mitad del disco, pero a partir del final de Agadez en adelante se hace evidente una descoordinación total entre la batería y el resto de elementos en demasiadas ocasiones.

    Otro de los aspectos criticables de esta nueva entrega es el exceso de elementos experimentales. La misma pega que tenía el para mí genial Frances the Mute pero llevada al extremo: si antes los minutos de la basura se guardaban para el principio o el final de los cortes, ahora cualquier momento es bueno para incluir la marcianada de turno. Pero que Omar y Cedric se entretengan con pedales de todo tipo y trasteen con moduladores de voz y demás etcéteras no es lo que más me preocupa.

    Creo que el punto más en contra que tiene el álbum es que la complejidad de la música de estos tíos se está haciendo cada vez mayor y como resultado el disco es prácticamente indescifrable. No así en los primeros temas, pues hasta Cavalettas el disco va camino de convertirse en magnánimo, a la altura de su obra maestra De-Loused in the comatorium: no se puede expresar con palabras pero temas como Aberinkula, Metatron, Goliath y Wax Simulacra confirman a The Mars Volta como un grupo especial e inimitable que tiene que hacer historia en la música. Y es porque son temas más contenidos, en los que las partes están más o menos diferenciadas, se entrevé una estructura lógica y se van menos por la ramas. Pero es a partir de esa especie de interludio que supone Tourniquet Man cuando el disco empieza a ponerse cuesta arriba para el oyente, pese a que el minutaje de los temas se ha reducido considerablemente respecto de sus álbumes anteriores. Y es que es prácticamente imposible discernir qué instrumentos están sonando al mismo tiempo en ningún momento, tal es su barroquismo. Si a esto unimos que dejan volar su imaginación en más de una ocasión para marcarse solos de todos los instrumentos posibles y que la experimentación con las mentadas maquinitas está a la orden del día, la suma da como resultado un potaje metido a presión en una olla con todos los ingredientes que quedaban en la nevera, un sonido terriblemente difícil de asimilar y en el que el receptor no puede hacer otra cosa que perderse y confiar en volver alguna vez a un lugar conocido. Y a veces pasa (Cavalettas tiene partes que evolucionan de forma distinta para luego repetir un par de partes varias veces a lo largo del tema) pero otras el desvío es de no retorno, y llega el momento en que se hace frustrante.

    Es esto un fallo (para mi gusto) que arrastran desde Amputhecture: aquella vez temas de hasta un cuarto de hora se adentraban en retorcidos caminos, lo que hacía que los temas perdieran personalidad y dieran más la sensación de largas jams que de canciones. Algo que podría tener en común con Frances the Mute pero incluso en este disco si me ponen medio minuto de uno de sus cinco temas puedo reconocerlo fácilmente. En el caso de The Bedlam In Goliath esto es muy difícil. Una extraña unidad que contrasta con el carácter desarraigado de un disco que se va por las paredes y que hace que al fin y al cabo la segunda parte del álbum sea una gran cruzada en la que constantemente se repiten los mismos recursos sin mucho sentido pese a esconder grandes momentos.

    Con todo este panorama es difícil llegar a alguna conclusión lógica pero con lo que me quedo es con que el disco es prácticamente perfecto hasta Tourniquet Man y a partir de ahí el grupo se desmadra. En ese resto del disco dan algo de lo mejor y mucho de lo peor de sí mismos: algunas partes memorables y otras insoportables, pero todo mezclado de una manera que pone en un brete al oyente y le impide disfrutar al completo de una obra que podría haber sido definitiva. Nuevamente se echa en falta la figura de un productor que les pare los pies a la hora de pulir estos detalles. Otro año será.

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Aberinkula:

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