Anti-Flag - The bright lights of America (2008)

Portada Anti-Flag es un grupo que lleva años sin decepcionarme. Reconozco que los descubrí tarde, con ese The Terror State en 2003 y de la mano del su single por excelencia, Turncoat. Buen disco aquel pero que fue ampliamente superado por su continuación en 2006, For blood and empire, con tremendas canciones como Project for a new American century, One trillion dollars, Hymn for the dead, etc. Calidad y variedad a partes iguales. El año pasado decidieron deleitarnos con A benefit for the victims of violent crime, un EP en el que además de algunas canciones nuevas disfrutábamos de sus grandes clásicos en su versión en directo, lo que me hizo interesarme por los primeros discos de esta banda, y la verdad es que no desmerecen en absoluto su trabajo en los últimos años. Ahora vuelven con el listón muy alto, ¿está The bright lights of America a la altura de su carrera?

La primera impresión es que sí. Han sabido volver a parir un buen disco, un disco disfrutable, coreable y que no decepciona, aunque está por debajo de sus últimos trabajos, y musicalmente bastante lejos de los primeros, mucho más rápidos y sucios. Con esto ya os podéis imaginar que este trabajo es el más tranquilo y melódico de su carrera. Es curioso ver cómo en los grupos de punk rock el término “madurar” suele significar “ablandarse”. De todas maneras en su caso esto no es del todo malo. No hay más que escuchar la primera canción del disco, Good and ready, para darse cuenta de que los himnos punk no tienen que escribirse a toda polla, uno de los mejores temas del álbum y de su carrera. Pero no acaba aquí la cosa, al revés, acaba de empezar. Y es que la primera parte del disco es prácticamente perfecta y nos introduce al nuevo sonido de la banda de tal manera que nos convence a la primera. No se les podrá acusar de vendidos con semejante colección de temas redondos. La canción que da título al disco es quizá la más cercana a sus anteriores discos, una canción algo más rapida que la anterior que encajaría perfectamente en For blod and empire y con un estribillo certero.

Vices es la primera canción que realmente nos sorprende. Para empezar por ese piano que la introduce, abriendo para un tema lento, melódico y en el que el vocalista Justin Sane entra con un registro que pocas veces le hemos escuchado. Coros melódicos y otro estribillo memorable. Preparaos para uno de los pelotazos del disco: The modern Rome burning, alegato anti americano de manual y con otro estribillo melódico marca de la casa, van cuatro. Y para rematar el repóker de ases, el trallazo If you wanna steal (you better learn how to lie) que nos recuerda muchísimo al estilo de Against Me! y nos hace caer en que serán probablemente su referencia más cercana.

A partir de aquí el disco pierde fuerza. Tras el buen sabor de boca de los cinco primeros temas, luego las canciones van perdiendo nivel y frescura y el grupo se pierde un poco en ese nuevo sonido, que llega a aburrir. Porque si hay algo que hizo grandes a sus dos anteriores discos era la variedad, y es un concepto que han olvidado de cara a este nuevo trabajo. Sólo Spit in the face, el corte con el tempo más rápido del álbum, rompe esa monotonía y como momento destacado de esa segunda parte del disco sólo nombraría Go West, otro tema lento y melódico con un estribillo muy pegadizo.

Como apunte, resaltar el corte acústico que han metido como bonus track, un poco country que otra vez nos recuerda a Against Me!. Un disco que mantiene el tipo aunque muy irregular y que se termina haciendo largo. No obstante, en un año en el que nos vamos a cansar de escuchar punk (entre lo que ha salido ya y lo que se avecina, estáis avisados) bien viene un soplo de aire fresco a la escena.

The bright lights of America:

Despised Icon - The Ills of Modern Man (2007)

     Permítanme decirles antes de empezar con la crítica de este disco que, hasta hace bien poco, vuestro humilde servidor no tenía ni la más remota idea de que semejante grupazo existía. Cierto es que procuro estar al tanto de todo lo que se cuece por los fogones del metal extremo, pero, cosas de la vida, uno no puede llegar a todo. Así pues, hace poco que descubrí esta joya que, de haberla escuchado antes, hubiera entrado en mi Top 5 del año pasado (e incluso en el Top 3), pero, quizá gracias a eso (y al momento que vivo musicalmente hablando) he podido disfrutar al máximo del Cd que nos ocupa hoy. Una vez hecha esta aclaración, vamos con ellos que, al fin y al cabo, son los protagonistas de esta crítica. No es un disco accesible, ni mucho menos, este The Ills Of Modern Man. Más aún, me atrevería a decir que peca de demasiado rebuscado en algunas partes, aunque eso le haga ganar enteros (sobre todo entre el sector mas progresivo del metal extremo). Basan su sonido casi completamente en una cadencia de riffs machacones (entiéndase “machacón” como contundente o muteado, nunca como pesado), con una batería que no suele parar (y cuando lo hace es para partirnos por la mitad con algún breakdown, pero de esto hablaré más adelante) y unos, a mi parecer, bastante logrados momentos de pausa en clave hardcore. Todo ello hace que su sonido en general se pueda describir como pesado, contundente, grueso…todos estos adjetivos les hacen justicia (y alguno más que me dejo, seguramente), pero, también son capaces de dejarte con una sensación de vacío interior, quizá mejor descrito por esta frase que me dijeron el otro día “Es como si te gustara irte a una obra y oir las maquinas machacándolo todo”. Pues si, mi querido amigo. Si Despised Icon es eso, entonces puedes llamarme amante de las obras…
    Otra cosa que cabe destacar es la carencia de melodía en casi la totalidad del disco, siendo esta suplida por estridencia (incluso a veces rozando la disonancia), y, reencontrándose con ella en un único tema, Fainted Blue Ornaments , que sirve como perfecto broche de oro para los 40 escasos minutos que dura el disco. Eso si, ese momento donde, de repente, recuerdan que son capaces de hacer algo más que machacar sin piedad sus instrumentos es, simplemente, uno de los momentos musicales más bellos que recuerdo, precedido por un coro 100% hardcore que seguramente a más de uno y de dos le recuerde a Hatebreed o a Sick Of It All.
    Y los breakdowns… ¿qué decir de ellos? Estos tipos son capaces de meterlos en los lugares más insospechados, incluso como ocurre con Nameless, tema que tiene un breakdown de marcado corte hardcore (una vez más esas influencias), pero que sorprende con una bajada de tempo apoteósica en medio del mismo, dejando al oyente con dos palmos de narices… Cabe destacar también el que nos despachan en Furtive Monolgue, con un riff hecho a base de slides bastante creativo (por cierto, hablando de ese tema, no os perdáis el videoclip. Sencillamente genial).    En resumen, este es uno de esos álbumes a los que no hacen justicia ninguna crítica. Yo podría tirarme aquí describiéndolo siglos, y aún así no podría captar ni el 1% de su esencia, así pues, no queda más remedio que escucharlo. Eso si, permitidme una advertencia a modo de consejo: desalojad vuestra casa. Mandad a vuestra madre/padre/abuela/marido/mujer a dar un paseo, bajad las luces, poneos el volumen al máximo y preparaos para la experiencia más extrañamente carente de sentido, pero brutal y genial a la vez que nunca hubiérais podido imaginar… con ustedes, Despised Icon.

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Furtive monologue:

 

 

Justin Pearson, un genio underground

Justin Pearson, pensativo

Muy probablemente no sepáis quién es el chico de la fotografía. Precisamente por eso escribo esta entrada, porque creo que es muy interesante conocer su historia, y sobre todo su fructífera carrera musical. Su nombre es Justin Pearson y es una de esas figuras sin las que una escena no tendría sentido, en este caso el screamo y el noisecore.

Después de haber tocado en varias bandas de la Costa Oeste estadounidense, su primer grupo relevante (y tanto) fue Swing Kids, banda formada a mediados de los noventa. Este prácticamente desconocido grupo no sería nada reseñable si no fuese por lo innovador de su sonido, derivado del punk: en aquella época, aquel caos en el que se convertían sus canciones y la desgarrada voz del amigo Pearson, que en esta banda hacía las veces de vocalista eran algo totalmente nuevo. Algo que posteriormente grupos como Orchid o Saetia terminarían de pulir para poner la semila de esa pila de estilos entre los que se cuentan el screamo, el llamado emo-violence y el chaotic hardcore. Estamos pues ante todo un precedente de esa escena tan en boga hoy. La discografía de Swing Kids está repartida entre eps y splits pero recogida en un sólo disco llamado Discography, que dejo en descarga para todo aquel que quiera gozar de esta joya arquelógica.

DESCARGAR Swing Kids - Discography

Haber formado parte de una de las bandas que iniciaron un género es todo un logro por el que sentirse orgulloso, pese a que la trascendencia de Swing Kids a nivel de público haya sido nula. Cosa que no le pasa sin embargo al siguiente grupo del que fue parte Justin, grupo conocido, reputado y original donde los haya: The Locust. Ahora a las cuatro cuerdas, Pearson ha conseguido con The Locust la repercusión y la fama que nunca obtuvo con Swing Kids, seguramente también ayudado por esa imagen estrafalaria que han adoptado, asemejándose a insectos de tamaño humano. Su segundo álbum de estudio, Plague soundscapes, es un ejercicio casi perfecto de hardcore caótico y experimental a velocidades de vértigo: nada menos que 23 canciones en aproximadamente media hora. Un sonido realmente único:

Live from the Russian compond, de The Locust:

Sólo con haber participado en estas dos bandas ya habría merecido la pena que ese individuo haya pisado la faz de la tierra. Pero la cosa no queda ahí. Además de ser miembro permanente de The Locust, Justin Pearson tiene varios proyectos paralelos, entre ellos el más importante el grupo llamado Some Girls. Ideado como un supergrupo thrashcore con músicos de algunas bandas de la Costa Oeste (como Give Up The Ghost o The Plot to Blow Up the Eiffel Tower), Some Girls es otro de los grandes nombres a tener en cuenta en la escena, con dos discos editados y unos cuantos eps en su haber. Sin embargo, su música no termina de distanciarse mucho de lo que hacen The Locust:

Warm milk, de Some Girls:

Ya son tres las bandas interesantes en las que encontramos a nuestro hombre. Así que no será ninguna sorpresa sigo hablando de grupos en los que toca. La siguiente parada es Holy Molar, de nuevo banda de hardcore experimental, aún más si cabe que las anteriores y que tiene ciertas reminiscencias a Fantômas, banda del también incansable Mike Patton (estos dos tipos como mínimo tienen en común haber tocado en tantas bandas que ni se acordarán del nombre de algunas). Su atuendo es también particular: van vestidos de dentista. Al menos, es una idea original, como su sonido.

Cavity search, de Holy Molar:

Nuestro viaje no puede acabar sin nombrar una última formación. En este caso el supergrupo es mucho más mainstream (aunque sólo por sus miembros), hablamos de Head Wound City y en sus filas se encuentran, además de nuestro buen amigo Justin, Cody Votolato y Jordan Billie de The Blood Brothers, Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs y Gabe Serbian, compañero de Pearson en The Locust y Holy Molar. En su ep de presentación de 2005 apuntan buenas maneras y con la separación de The Blood Brothers el año pasado, habrá que ver si el proyecto tiene continuidad.

DESCARGAR Head Wound City ep

Hasta aquí la lección de hoy, que sepáis que la labor de Pearson no queda aquí y que amén de otras bandas en su currículum como The Crimson Curse, Ground Unicorn Horn, Struggle, Fast Forward o Brain Tourniquet, el tío tiene montada su propia discográfica (One Three G) en la que lleva a todas estas bandas y otras como Ex Models o Orthrelm por poner unos ejemplos.

Para terminar, una curiosidad: Justin apareció en el Show de Jerry Springer protagonizando un montaje de líos amorosos como excusa para armar un pollo en el plató. Aquí tenéis los vídeos, en inglés, para el que tenga curiosidad.

Sigur Rós, otros pioneros

    Últimamente estamos asistiendo a un nuevo concepto de la música propugnado nada menos que de los propios artistas y grupos, nada de compañías y grandes corporaciones. Hace poco os informábamos desde UnderCore de la gran idea que Radiohead tuvieron dando gratuitamente su In Rainbows por descarga directa de internet. Está bien, no es el colmo de la originalidad ¡cuántos grupos en el mundo cuelgan sus canciones en internet para que se difunda su música! Aquí lo verdaderamente nuevo es que uno de los grupos más grandes y ricos del mundo renunciaba a luchar por defender la venta de su música y se decidía a regalarla. El que quisiera, podía dejarse sus cincuenta y tantos euros en la edición de lujo que sacaron del disco. Y más tarde pudo ser adquirido ya por el gran público al precio de un cd normal.

Pack de lujo de In Rainbows

    Hace escasas semanas, otro de los grandes grupos del momento, Nine Inche Nails, ofrecía su nueva obra, Ghosts I-IV también en descarga directa en internet por el módico precio de 5 dólares (los nueve primeros temas, gratis). El que hubiera querido y podido podría haber comprado el ultralujoso pack con los cuatro cds que componen tal trabajo y dos vinilos del mismo por el también módico precio de 300dólares, oferta limitada a las 2.500 existencias (echad cálculos y sabréis lo que se ha embolsado el señor Reznor con esta tontada). Para el término medio, también se podía pedir la versión en dos cds por 10 dólares, el cual empezará a ser distribuido el 8 de abril. Y aún hay más: edició deluxe con dos cds, DVDyBlue-Ray por 75 pavos. Ahí es nada, nuevas formas de ganar dinero con la música. El futuro ya está aquí.

Pack de lujo de Ghosts I-IV

    Y ayer salió una noticia cuanto menos sorprendente. En esta lucha por ver quién pone más al servicio del pópulo su creación artística, los islandeses Sigur Rós han decidido colgar en internet el vídeo íntegro de su último DVD Heima. En Youtube. Para que lo vea todo el mundo. Y aquí es donde yo me pregunto, ¿dónde está el límite? ¿Se han dado cuenta los grupos de que lo que de verdad interesa es dar a conocer tu obra y sacar tajada de las entadas de los conciertos sin los intermediarios de las discográficas de por medio? He aquí el eterno debate. Los grupos necesita a las discográficas para editar sus discos, pero existen algunas bandas en el mundo con el suficiente dinero como para no necesitar esa financiación. ¿Ha llegado ya el esperado día de los discos gratis? No lo sé. Lo único que temo es que esto sea el principio de un gran imperio de promotoras despóticas que sustituya al actual imperio de las discográficas. De momento, disfrutemos como se debe des estos regalazos que nos hacen nuestros músicos favoritos. Con todos ustedes, Heima:

    Muchas gracias por esto, Sigur Rós.

Meshuggah - obZen (2008)

    Hay pocas cosas seguras y constantes en este, nuestro querido planeta. Podríamos hablar sobre la constante de la gravedad, las leyes de Newton, o que, inequívocamente, el sol siempre va a salir por el mismo lado del planeta. ¿Que a cuento de qué viene todo esto? A cuento de que, a poco que nos fijemos mas allá de lo que pueden (o quieren) ver nuestros ojos (muchas veces deslumbrados por los focos de la música comercial, o simplemente cegados por el desconocimiento), descubriremos grupos y estilos de música que son constantes, como las leyes que mueven nuestro planeta, y, en contadas ocasiones, son tan potentes como la gravedad que ata nuestros cuerpos a la Tierra.
Sirva este pequeño prefacio en tono de gafapastismo soberbio y desmedido para introduciros a la crítica de este nuevo álbum de los genios de Umea, tambien conocidos como Meshuggah. Un nuevo trabajo que, en sus primeras escuchas, se presenta más rápido y violento que sus anteriores entregas, sobre todo en la comparación con el, hasta la fecha, último trabajo de la banda, Catch Thirtythree. Canciones como Combustion, encargada de darnos la entrada al disco, demuestran este cambio y nos muestran unos registros que casi teníamos olvidados en Meshuggah (sirva como excepción la brutal War que abría su Rare Trax allá en el 2001) como pueden ser baterías machaconas, más cercanas a un tema de cualquier grupo de metalcore que a cualquier canción del Nothing (por ejemplo), o ritmos frenéticos de guitarra que nos dan pie a pensar si realmente Mr. Fredrik Thordendal es de este mundo, o se confirma finalmente que es extraterrestre. Porque, seamos sinceros, desarrollos de guitarra como los de la contundente Lethargica, o los de Dancers to a Discordant System no son cosas que a uno se le ocurran todos los dias… aunque si hablamos de cosas extrañas e incluso alienígenas, deberíamos fijar nuestra atencion en Pravus, una canción donde la rabia y brutalidad de este álbum se contagia del espíritu de Meshuggah dando como resultado un tema donde, sin excepción, todos los instrumentos compiten por ver quién es el que suena mas contundente y agresivo de la cancion. Bajos machacones, guitarras ultrapesadas y una batería que no para son su seña.

    Aunque también tiene sus partes conocidas y confortablemente comunes (dentro de los estándares de Meshuggah, claro está) como Pineal Gland Optics que podría haber sido parte del Nothing sin cambiar mucho la tónica de ese cd, o como Electric Red, que tampoco difiere mucho de los parámetros por donde se desenvolvían estos personajillos que nos ocupan.

    En fin, un álbum abierto a todo tipo de gente. Tanto el fan incondicional como el oyente ocasional disfrutará con esta nueva entrega de estos genios de la música. Tiene sus partes pesadas y progresivas (marca de la casa) pero añadiendo una vena de brutalidad a sus composiciones que abre el abanico de posibles oyentes mientras se adentran más y más en el metal extremo.

    Y no me gustaría terminar esta crítica sin dejar reflejada aquí una reflexión personal. Hace poco, alguien me dijo: “la música de Meshuggah debería ser estudiada obligatoriamente en las escuelas”, y yo desde aquí, no solo no pienso que sea exagerada, en absoluto. Es más, yo incluso añadiría una frase mas: “si se supone que las matemáticas son el lenguaje del universo, entonces Meshuggah compone música para las estrellas…”.

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